B&I: Adventure Zone

B&I: Arco 1: Interludio

Llueve en Easton...

Llueve en las calles de Easton, hasta los perros buscan refugio.
Las calles principales de la metrópolis portan relucientes adoquines que ignoran las tempestades y raramente ceden ante algún carruaje muy cargado que se dirige con su mercancía al puerto.EastonAlleys.jpg
Pero en los barrios que no están a la vista el paisaje es diferente, con callejuelas que solo devuelven barro al tintinear de la llovizna. Son los lugares de escondite, donde moran secretos y fechorías.
En uno de estos callejones, del barrio Norte de Easton se encuentra una casita, modesta y un tanto venida abajo. El paisaje de sus ventanas solo presenta los ladrillos de una torre de vigilancia al frente, en la muralla Norte que rodea la ciudad portuaria.
Pero esta modesta residencia no presta movimiento alguno desde hace meses. Nadie toca su puerta, por supuesto, ya que el escudo con el remo y la gaviota es temido por el honesto y el forajido.
Es la casa asignada a un joven agente del ducado, que en su ausencia deja en esta casa de piedra y madera abandonadas a merced de las inclemencias del tiempo, testimonio de su andar al servicio del Soberano Ejército de Easton, una intriga, y una deuda:

- Ya casi dos años pasaron desde que me fui de casa. Cuantas cosas han pasado, parece que fuera ayer que me ganaba la vida vendiendo esas malditas botellas. Bien que nos han dado de comer, incluso aquí veo alguna de vez en cuando en la tienda de mercadería. Pero yo siempre quise más, vivir la vida de la ciudad y tal vez más allá, será por eso que me uní a las filas de la milicia, con la esperanza de que me lleven a nuevas tierras.
¿Cómo estarás hermano? Te tengo que ir a visitar. Acá mis tareas son siempre vigilar y proteger. Tengo que ganarme unos favores si es que voy a poder visitarte tan lejos. Espero que estés orgulloso de mí. Cuando pueda te voy a buscar y ya no tendrás que vender ácido o tratar con ladrones para ganarte el pan. ¡Tal vez seamos compañeros!

(La tinta se detiene en su andar y solo sigue al pasar del tiempo)

- Hoy pasó algo interesante que quiero contarte! Hermano, hoy me tocó hacer vigilancia en las afueras de la bastilla en la Cofradía de los Magos. Que bellos jardines tienen! Es difícil no dejarse llevar por el aroma saciante de los jazmines de lluvia que dejan asomar sus capullos a recibir los primeros días de la primavera. No es la primera vez que visito dichos jardines, la comunicación entre la cofradía y el ducado hace que seamos muchos los mensajeros que van y vuelven en estos palacios.
Siempre me pareció, sin afán de meter la nariz en donde no me corresponde, que algo no cuadraba en la Cofradía. Miradas, charlas en silencio, reuniones en lugares extraños. Pero siempre lo relacioné con la locura intrínseca de estos saca chispas.
Verás, estos señores de largas túnicas siempre tienen algo bajo de ellas, como se dice en los barrios del bajo Easton, siempre haciendo algo más allá de lo evidente. Y en especial Menelau, el director anciano de la Cofradía, deberías ver su piel de ébano, parece que viene de tierras muy lejanas.
Fue hoy que después de hablar con un viejo mercader que suele venir a comerciar con los magos, se acercó hasta donde estaba de guardia, cerca de una fuente del hermoso Jardín de los 7.
“Joven guardia, permítame interrumpir su contemplación. ¿Cuál es su nombre?”. Me quedé helado, como si a voluntad el conociera lo que pienso de ese lugar y me sacara todo el aire de los pulmones para que deje de ser un fornido guardia y convertirme en un obediente changarín. Ahora que lo pienso, seguro sabía mi nombre si el revisa personalmente la lista del personal asignado a la Cofradía todas las mañanas antes de que cante el primer ruiseñor. “Sophei, su señoría, ah… a sus órdenes”, tartamudeé ante el viejo pero imponente Sacerdote.
“Necesito que acompañes a mi buen amigo Aradan” comenzó a recitar con su voz severa pero cautivadora. Era impresionante escucharlo hablar, manejaba el arte de la palabra como yo no podría repetir en estas páginas. Me pidió que acompañe a su amigo a llevar unas mercaderías y unos pergaminos a un monasterio que está pasando Weston.
Cuando escuche el nombre de nuestro pueblito natal, me lo debe haber notado, porque Menelau me puso esa enorme sonrisa de hipnotizantes dientes blancos. Debió saber que yo era de ahí, que tenía gente cercana, que me iba a hacer bien emprender este viaje. Por fin te veré hermano mío…

(Unas páginas arrancadas muestran el paso del tiempo, y una letra casi irreconocible continua su relato)

- No me dejan escribir, estoy escondiendo esto con la esperanza de que veas, de que alguien vea y pueda entender mi situación.
Pasó no mucho después de salir de Easton, la noche nos agarró ya arriba de la montaña. Los ruidos de la ciudad ya no se escuchaban, los perros que merodean sus calles ya no nos seguían desde hace horas. Yo viajaba de civil para no despertar sospechas y Aradan conducía la caravana junto con su guardaespaldas. El paso hizo más oscura aún la estrellada noche de luna nueva. Acampamos haciendo una fogata entre la carreta y la ladera de la montaña, y no pasó más de una hora cuando el fuego de repente se apagó y yo recibí un golpe en la cabeza.
Varias semanas estuve preso de Korgoth y su pandilla y ni una pista de Aradan ni de la arquera. No sabía qué hacer cuando recordé mi pasado comercial con el clan, me costó hacerles ver que yo era aquel adolescente que comerciaba con ellos del otro lado de la montaña en la Granja de Ácido.
Fue cuando me devolvieron mis ropas que noté una leve vibración en mi bolsillo que provenía de una piedra. Ahora sé que fue Menelau que la deslizó al salir la caravana, porque al acercarla a mi oído escuché su voz diciéndome “Gánate la confianza de Korgoth, recupera el artefacto”.
Mi visita a tu casa no fue del todo agradable, aún después de tantos meses sin vernos. No lo tenía planeado por eso no te pude explicar bien. Tampoco quisiste escuchar. Hermano, te prometo que estarías orgulloso. No soy un malhechor.

- Mucho tiempo ha pasado, y no me dejan verte! Si encuentran este libro, estoy muerto. Korgoth se ha estado ganando la vida asaltando a cualquiera que pasa y, aunque no lo he visto con mis propios ojos, escuche a unos orcos murmurar que tiene un monstruo guardado para cuando la cosa se pone difícil. Sus arcas están aumentando, tengo que averiguar donde esta esté “artefacto” del que habla el mago.

- Casi me descubren, tengo que dejar de escribir, o mejor, tengo que poner esto en manos seguras. Hoy vi a un convoy resguardado por guardia del ejército, si ellos tienen el diario, entonces estará seguro. Para el que lea esto, sepa que voy a vencer a Korgoth desde adentro, por la Cofradía, por el Ejército, por ti hermano, porque es justo…

(El tomo deja de otorgarnos palabras y vuelve a su descanso eterno en la morada tal vez perdida del joven guardia del Ejército de Easton)

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